En determinados entornos existe una cultura crítica con respecto a cierto tipo de boxeadores a los que se denigra por su estilo boxístico.
Me refiero a ese formato de boxeador que sustenta su quehacer en el ring en los recursos técnicos que conoce o maneja: un jab cuidado, el manejo de la distancia, el juego de piernas, el uso de la cintura.
Lo que muchos llamamos un estilista y que otros llaman despectivamente “correlones” o cobardes.
Hay muchos púgiles que han sido acusados y maltratados por plasmar en el ring ese tipo de conceptos que tanto gustan a algunos y que tanto aborrecen otros. De entre todos, quizás el más recordado sea Floyd Mayweather Jr.

En la actualidad sin embargo, tenemos a ciertos alumnos aventajados de Floyd, como son el magnífico Shakur Stevenson o el destacado Devin Haney.
Este tipo de púgiles como Erislandy Lara o el fallecido Pernell Whitaker destacaron por un boxeo de contragolpe que partía de un concepto defensivo muy antiguo como era el de evadir los golpes del rival.
Los más antiguos recordarán a Willie Pep que fue uno de los grandes maestros de este tipo de boxeo.
Tocar y no ser tocado, esa, en resumidas cuentas, era la cuestión.
Otros grandes como Sugar Ray Robinson desarrollaron ese concepto y Mohamed Alí lo popularizó con aquel boxeo sublime repleto de grandes aspavientos.

Habitualmente, relacionamos a este tipo de boxeadores con el llamado estilo afroamericano del que ya he destacado grandes exponentes, pero este estilo no es patrimonio de estos boxeadores en concreto , al menos en su totalidad.
Willie Pep era italoamericano, por poner un ejemplo claro, pero tenemos otros grandes ejemplos.
¿Quién no recuerda a Nassem Hamed, a Niccolino Locche, a Juan Manuel Márquez o al mismo Lomachenko?
Esquivar y evitar el golpeo no es patrimonio de un tipo de boxeador afincado geográficamente en un lugar del planeta.
Esquivar golpes es sinónimo de inteligencia y habilidad. En resumidas cuentas: de talento.
Marcos Nogueroles Hernández



