El peso de la Leyenda

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Parafraseando un poco el apodo de Julio César Chávez Jr., “el hijo de la Leyenda”, hoy por hoy pareciera que lo único que tiene de la Leyenda es una pesada carga.

 

Chávez Junior nunca dejó de ser Chávez Junior. Hay que separarlo, de una vez por todas, de la enorme sombra de su padre, porque mientras se vea a Julito pensando en don Julio, noches paupérrimas como la del pasado 6 de mayo serán más que recurrentes.

Es que las limitaciones (que son muchas) que Julito tiene a la hora de boxear son harto conocidas ya por todos, y no es nuevo, no fue “Maravilla” Martínez quien las expuso en paliza memorable, sino todas y cada una de las peleas anteriores. Claro que un récord invicto de más de 45 peleas engaña. Aquel sábado 15 de Septiembre de 2012 Julito se subía al ring con récord de 46-0-1 para bajar con record de 46-1-1, siendo esa derrota absoluta e incuestionable, y, para los que no lo sabían, decretaron que el Junior no estaba a la altura de la élite del boxeo mundial.

Julio César Chávez (Padre) y Julio César Chávez Jr.

Pasaron los años y el Junior vagó en el ostracismo, inactividad, malas preparaciones, rivales a modo, peleas extrañas, decisiones polémicas.

Sin contar la velada del pasado fin de semana, Julito había peleado 5 veces desde entonces (entre 2013 y 2016) con 4 triunfos y solamente un revés (KOT ante Andrzej Fonfara en 2015), siempre dando en la báscula entre 167,5 y 173 libras, lejos muy lejos de las 160 que había dado para su pelea ante Maravilla.

Lo que vimos la pasada noche rememoró en mí los primeros 11 rounds de su pelea con Martínez. Vimos por un lado a un boxeador con hambre, que sabía a lo que había ido, buscando conectar y presionar, y ganar la contienda. Hablo obviamente por el bando ganador. Con una pequeña salvedad, pienso que Canelo bajó sus esfuerzos (supongo que intencionalmente) a partir de la mitad de la pelea, cosa que Maravilla no hizo, buscando siempre el KO. Por la otra parte, vimos dos veces lo mismo: un Junior sin ideas, sin aprovechar su mayor envergadura, sin aprovechar su capacidad de golpeo (que la tiene), y parando la mayoría de los golpes con la cara. Chávez Junior nunca dejó de ser Chávez Junior.

 

Beltrán, Chávez Jr. y Chávez.

“La Leyenda continua…” se lo oía decir a Michael Buffer una y otra vez entre victoria y victoria del Junior Chávez. Claro que todo se trata del legado de su padre, el, para muchos, mejor boxeador latinoamericano de todos los tiempos. Y no es para menos. Récord inmaculado en sus primeras 90 peleas (89-0-1), un tonel de títulos, un centenar de triunfos, y un manojo de historia viva. Pergaminos no faltaron.

Julito asomó al mundo del boxeo tímidamente. No hizo carrera amateur, pero sí un pacto con su padre, un pacto de 10 peleas, si el Junior respondía bien en esas primeras 10 contiendas de su carrera, entonces el padre le daría el visto bueno para que continuase.

Tres en 2003 y siete en 2004. Noqueó en cinco. Listo para continuar. En ese mismo año 2004 boxeó 4 veces más. Al año siguiente peleó 10 veces, siempre ganando. En 2006 disputaría el título mundial juvenil vacante de peso superwelter del CMB, ganándolo tras noquear a Jermaine White. En 2008 llegaría el título Continental del CMB en peso superwelter, del que Junior se adueñaría tras noquear en 8 vueltas a  Jose Celaya. Lo defendería sólo una vez, ese mismo año cuando noqueó a Tobia Giuseppe Loriga en 9 asaltos. Luego, también en 2008, daría dos veces 156 libras cuando derrotó dos veces en las tarjetas a Matt Vanda. Volvería a las 154 sólo un par de veces más, cuando derrotó a Luciano Leonel Cuello por el título Latino del CMB en 2009 y más tarde lo defendería ante Jason LeHoullier. Luego abandonaría el peso superwelter para siempre.

En Noviembre de 2009 el Junior subiría a las 160 libras para enfrentar a Troy Rowland. Combate que ganó en decisión, sin embargo luego sería cambiado a un no contest debido a que el Junior daría positivo en controles antidopaje por el uso de sustancias prohibidas para dar el peso. Grandísimo llamado de atención. Luego el cinturón de Plata del CMB de peso medio y luego en 2011 la coronación oficial, cuando derrotó a Sebastian Zbik en las tarjetas. Idas y vueltas, dimes y diretes, hasta que llegó la pelea más difícil en la carrera de Julito.

La novela con Maravilla Martinez hasta que se dio la pelea tan esperada es conocida por todos.

 

Julio César Chávez Jr. en su pelea contra Sergio Martínez

Hasta aquí, hemos vuelto a donde comenzamos este artículo. El combate de aquel 15 de septiembre de 2012, que marcó un antes y un después irreversible en la carrera del Junior. Luego del revés ante el argentino, Julito comenzó a sentir como nunca el peso de la Leyenda de su padre; y es que ante cada indisciplina del Junior en su campamento, ante cada golpe mal lanzado, ante cada arremetida rival no esquivada o defendida, ante cada paso en el ring, las voces dicen siempre lo mismo: “su padre hubiera hecho esto, o lo otro”.

Claro que el Junior es el Junior, y por eso le ha ido de un modo y no de otro.

La pelea con Canelo vendió alrededor de un millón de PPV, es, fácilmente, la pelea entre mexicanos que más dinero ha movido en la historia del boxeo, sin embargo resultó un fiasco, porque uno de los principales contendientes no estuvo a la altura de las circunstancias. Excusas sobran, pero los interrogantes van por diversos caminos. ¿Será que este es el techo de Julito? ¿O realmente se tratará de que el miedo lo dominó durante los 12 rounds, como insinuó don Chávez? Lo cierto es que la pasada noche de celebración del Cinco de Mayo vimos un Chávez Junior tímido y quedado, sin convicción ni hambre, cargando, porqué no, sobre sus hombros un peso inmenso e innecesario, el peso de la Leyenda…

Saúl “Canelo” Álvarez vs Julio César Chávez Jr.

Quizás la respuesta sea no exigirle al Junior más de lo que él pueda dar, y al mismo tiempo separarlo de una vez por todas de lo que fue su padre como boxeador, que hoy por hoy pareciera algo inimitable (para todos los pugilistas actuales).

El tiempo dirá, después de todo, Chávez Junior nunca dejó de ser Chávez… Junior.

Por Rodrigo Cavazza

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