La historia se repite hasta la extenuación. A lo largo del siglo pasado asistimos a periodos concretos donde púgiles del peso pesado dominaban su categoría de forma majestuosa, doblegando a los rivales de su tiempo.
No hace falta ni recordar aquel dominio atroz de Rocky Marciano, los primeros años de aquel Cassius Clay (del 65 al 70 aproximadamente), la aplastante superioridad del terror del Garden o los “aburridos” años de Wladimir Klitschko.
También, obviamente, asistimos a otros periodos donde la competencia era mayor y disfrutamos de ella. Años gloriosos de boxeo como aquel principio de los 70, donde el renombrado Ali se enfrentaba a los Foreman o Frazier con resultados diversos.
¿Quién no disfrutó de aquel principio de los 90 donde un renacido Foreman se enfrentaba con los Holyfield, Morrison o Michael Moorer?

La alternancia entre períodos donde un boxeador dominaba al resto con otras épocas de mayor competitividad ha sido la tónica habitual en este deporte.
En lo que respecta a este periplo, venimos de una época de enorme rivalidad donde los Fury, Joshua, Dubois, entre otros tantos, han luchado por alcanzar la cúspide en los pesos pesados. La historia habla por sí sola y vemos que es Oleksander Usyk el que se ha coronado por encima del resto.
¿La gran y reciente victoria de Dubois le podría dar chance para un nuevo pleito con el ucraniano? Francamente, lo dudo.

¿El vencedor del Fury vs. Joshua será merecedor de una nueva oportunidad ante el campeón? No lo creo.
Si me preguntan, creo que Usyk ya ha demostrado por activa y por pasiva que es el mejor, aunque creo que un enfrentamiento contra Agit Kabayel terminaría de cerrar el círculo y sería el broche perfecto para rememorar la enorme carrera del gran campeón de los pesados.
Marcos Nogueroles Hernández



