Pacquiao, “Matador de mexicanos”

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Por Andrés Pascual

¿Cuánto de verdad hay en este boxeador y cuánto fabricado?

Las exageraciones no son gratuitas cuando de la crónica boxística se trata, a fin de cuentas, el sector es responsable hasta el 30 % del vergonzoso estado del pugilismo de hoy.

Las razones que justifican la corrupción del deporte pueden ser varias, pero la creación de políticas con tendencia a evitar el estado de opinión obligado por medio del comentario autorizado, es de importancia capital.

¿Miedo a hablar? Poco posible, estamos en el país en el que una enmienda importante de la Constitución autoriza, bajo cánones de protección de la libertad de expresión, a opinar y otra a callarse por igual defensa en sentido contrario.

Billete, ese sí es el candidato fuerte ante la actitud del cronista de no ser radical con su crítica por lo mal hecho en el boxeo: igual que un peleador, que ninguno tiene miedo, ningún cronista teme ser despedido del medio por una opinión, pero no le darían el “diezmo” y eso también cuenta… El “por debajo de la mesa” es amo y señor de la opinión, de la crítica necesaria para poder adecentar los corredores de Fistiana.

Kevin Iole, a quien tuve la oportunidad de conocer, con el que he conversado y aún me comunico por internet, escribió un material para YAHOO que es una oda a la exageración desde el título: “La victoria de Bradley contra Pacquiao fue una broma, pero saludable para el boxeo”, es decir, Kevin, que sabe mucho del negocio y que es una excelente persona, cree que el despojo de anoche traerá buenas medidas de saneamiento; sin embargo, pregunto, en el fondo ¿Lo cree de verdad? Como decía Cantinflas, “ahí está el detalle”. ¿Fue una soberana exageración o una manifestación propiciadora de la justificación que borre rápido la mala impresión por las esperanzas que puede generar? Por lo pronto, es el contubernio del cronista al que un poco de dinero quizás no le viene mal y esto es un entredicho, porque pudiera opinar que el tipo es un idiota y bien sé que no lo es, ¿Entonces? Como decían los viejos sabios de antes, “de algo se muere un enfermo”.

La última gran exageración del boxeo ha sido colgarle a Manny Pacquiao el cartelito de “matador de mexicanos”. Vamos a ver, el filipino le ha ganado a pugilista aztecas que, para mí, lo superan en clase profesional: si Barrera y Erik Morales no son mejores boxeadores que él, que baje Dios del cielo y me desmienta, porque ese individuo nunca ha aprendido a boxear. A pesar de lo que hizo y más allá de lo digan, su sospechosa actuación contra esos gladiadores naturales está en el marco de la duda obligada que, si se pone fatal, informan en cualquier momento suposiciones demoledoras de mayor cuantía.

Por lo menos la prensa comenzó su trabajo: de ser el primer filántropo de la actualidad, a homofóbico tribal que, aunque lo negó, se cumplió el cometido de regarlo; de ciudadano limpio y pulcro, tanto que logró una silla como senador en su país, a delincuente común y corriente al que le destaparon violaciones al fisco.

De asistir por cientos a cada entrenamiento y pesaje para sus peleas, a cumplir este ritual en la soledad del casi repudiado. De vender todas las localidades de la instalación, a 1,600 que quedaron sin comprador y de recibir la ovación del público asistente en decibeles insoportables al oído, a tener que admitir que el nombre que se coreaba en el MGM era el de Bradley, ¿Por qué?

Pacquiao sabía lo que le iba a ocurrir en el ring y huele lo que le espera, por eso no tuvo ninguna consideración con el respetable y demoró la entrada al ring con la justificación del partido de baloncesto y, para colmo, hubo que esperar que se vistiera e hiciera una sesión de guanteo; quizás fue su forma de protestar, tirando a “mondongo” la pelea porque conocía el resultado de antemano.

Y no noqueó porque no pudo, pero ¿Cómo no fue capaz de tirar a Bradley ni por knock down cuando estuvo lastimado en el 4to? ¿Cómo se le escapó este individuo, que le tiró mucho y le dio varias veces en la cara, como no pudieron otros a los que el ganador de anoche no les hubiera durado un round?

Juan M Márquez le ganó dos de tres y SE LAS QUITARON, Barrera y Morales (Erik se impuso una vez) no pudieron destrozarlo porque nadie sabe de dónde sacó las fuerzas y la resistencia. Así se ganó el cartelito de “matador de mexicanos” el peleador asiático, por supuesto, una distinción que deshonra, viendo como no pudo liquidar a un boxeador que no es la chancleta de la mayoría a quienes ha destruido prácticamente.

¿Dos Pacquiaos?, Por supuesto, antes y después de… ¿De qué? De lo que cualquier hijo de vecino con dos dedos de frente debe sospechar y a quienes les van a despertar cualquier día con la mala nueva, porque también pudiera estar en el paquete de Bob Arum, aunque dijera que Bradley le susurró en el ring que “hice lo que pude y perdí”, lo que nadie le creyó.

Cuando a un boxeador supuestamente fuera de liga le aguanta un tipo como Timothy Bradley y le termina mejor la pelea, hay que llegar a la conclusión de que lo de fuera de liga sobra y que, como dos veces le regalaron contra Márquez, lo menos que se puede hacer es quedarse callado aunque el filipino, honesto es decirlo, no protestó airadamente ni con algarabía, sencillamente lo tomó con resignación manifiesta y se fue…

No, este tipo no es un verdugo de los mexicanos, fue un experimento para el que usaron a boxeadores mexicanos mucho mejores que él y, a no dudarlo, comenzó a pagar por esa época de emociones, lujos y reconocimientos de la peor forma posible.

Las opiniones expresadas aquí representan la opinión personal del autor y no representan en modo alguno las normas o los puntos de vista de SoloBoxeo.com

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