“Morochito”… Medio siglo del primer oro olímpico venezolano

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ESPN ubicó al púgil venezolano entre Los 100 mejores momentos olímpicos 

 * Por Erinson Piñero

Venezuela Especial-. Tan solo restaban unos minutos para que lo llamaran al pesaje oficial y definitivo que lo llevaría a disputar el oro olímpico frente al surcoreano Jee Yong-Ju en México 68´. Pero el venezolano Francisco “Morochito” Rodríguez sostenía previamente una dura batalla con un sobrepeso de más de medio kilo, tras haber ingerido la noche anterior mucho jugo y no menos agua: caminaba, hacía intensos ejercicios, sudaba pero aún estaba por encima de los 48 Kgs, límite máximo del peso minimosca o mosca ligero. Su compatriota, el comentarista Carlos González, armó un alboroto en torno a la balanza para darle más tiempo a que rebajara. Sus atribulados seconds apelaron al supositorio para aligerarle el estómago y hasta le dieron ají picante con el fin de que escupiera mucho; no obstante, todavía necesitaba bajar unos 50 gramos… el ansiado oro se le estaba hiendo antes de subir al ring. ¿Qué más sacrificio podía hacer?.

 

Entonces surgió la iluminación: “Morocho abre la boca”, le dijo su principal entrenador Eleazar Castillo. Al abrirla le extrajo la plancha, como se llama en Venezuela a la dentadura postiza. “48 Kgs exactos”, pronunció el oficial al subir el suramericano a la báscula. “Yo hice el peso y te voy a ganar”, le dijo a su contrincante aunque bien sabía que no entendía el español.

El joven de 23 años y de 1,55 mts de estatura, nacido en el estado Sucre, había despejado un arduo obstáculo en el sendero que conducía a la gloria olímpica. Sin embargo, tendría que sobreponerse al desgaste provocado, aunado a su mano derecha -su mano fuerte- que se lastimó contra el estadounidense Harlan Mambley en la pelea semifinal, y que para colmo colapsó cuando sufrió fractura del pulgar en el segundo episodio precisamente ante el propio Jee Yong-Ju. Cansado y envuelto en un rictus de dolor recaló a su esquina. “¿Qué te sucede?”. “Me duele mucho el dedo”. “¿Puedes seguir peleando?”. “Aquí está peleando Venezuela”. “¡Pues sal a darlo todo!”. Morochito salió decidido para el tercer y último asalto, enfrascándose en un “toma y dame”, soportando el dolor, pues sabía que la pelea estaba muy reñida. De hecho, había perdido el primer round y ganado el segundo. “En ese momento supe que el oro se quedaría con nosotros”, declaró a la prensa Eleazar Castillo, su mentor.

El árbitro levanta el brazo de “Morochito” en la final olímpica contra el surcoreano Jee Yong-Ju.

El árbitro levanta el brazo de “Morochito” en la final olímpica contra el surcoreano Jee Yong-Ju.

No obstante, terminada la pelea, se alzaba una densa tensión en torno al ring mexicano. Todos sabían que no había un claro ganador. Pero el público, en su mayoría latino, apostaba por el triunfo del bolivariano. Se produce la decisión dividida: 3-2. El árbitro levanta la mano de Morochito, mientras el asiático baja la cabeza. Se convierte así en el primer oro venezolano en las Olimpíadas y en el primer campeón olímpico del peso mini mosca. ¡Ah, pero cómo le costó!. El suramericano en incontables entrevistas, aparte de haber sufrido lo indecible, no deja de decir que se trató del oponente más duro, decidido e incómodo que enfrentó en los Juegos Olímpicos del 68. No era para menos: reunía poder, resistencia, zurdo para complicar más las cosas y el hecho de que había superado a escollos considerados muy difíciles de someter: al soviético Viktor Zaporozhets y al local azteca Alberto “Costeñito” Morales; ambos por decisión dividida. “No se cansaba y parecía que me lo cambiaban en cada asalto…”, declaró a los medios con su tono jocoso y ocurrente el diminuto ex gladiador. A su vez, Morochito había llegado a su pleito frente al surcoreano con triunfos rotundos ante el cubano Rafael Carbonell (5-0), el ceilanés Khata Karunatarme (TKO 2) y el estadounidense Harlan Marbley (4-1).

A todas estas, en pleno ring, unas estudiantes venezolanas le cedieron el tricolor patrio y Morochito asido a ella junto a un ramo de flores entre sus manos, escuchó el himno nacional para no parar de llorar y resultarle imposible hilvanar unas pocas palabras mientras lo entrevistaban. En Venezuela, cuyos fanáticos habían escuchado la pelea final por la radio, el júbilo se adentró en los corazones tanto de altas autoridades, adinerados, como modestos pobladores, entre ellos pequeñines de las barriadas, quienes en adelante decían: “Yo quiero pelear como Morochito”.

Una muchedumbre impedía aterrizar el avión donde venía el campeón olímpico

De regreso a Venezuela con su presea áurea que le brillaba en el pecho, Morochito fue llamado por el capitán de la aeronave para que mirara hacia abajo. “Ve lo que te está esperando”. “A mí…”, dijo extrañado el campeón, porque ya había representado a Venezuela varias veces y “yo no esperaba eso”. “El avión -relata el campeón- bajaba y subía y no podía aterrizar” en el viejo aeropuerto de Catia La Mar, en La Guaira, cerca de Caracas. Simple y atrevidamente una muchedumbre se arrojó a las pistas para recibirlo e impedía el descenso. Por fin, lo pudo hacer y eso no fue sino el comienzo de un mar de gente que le quería abrazar y fue con él hasta la residencia presidencial caraqueña, donde el mandatario de entonces, Raúl Leoni, le distinguió con la orden Francisco de Miranda. A estas siguieron tributos y condecoraciones que no han cesado todavía, y de seguro no faltarán este 26 de octubre.

Aunque resulta contradictorio, e injusto, 50 años del oro de Morochito – y otras cinco preseas de plata y bronce olímpico del boxeo venezolano, como ningún otro deporte en el país-, no han bastado para que esta disciplina sea tomada más en cuenta por los gobiernos de uno y otro cuño. Morochito, que en los años 60 participó en una huelga de hambre exigiendo dotación de implementos boxísticos, sigue lamentándose de que la situación ha cambiado muy poco en estos tiempos. “Mas gimnasios y material, sobre todo eso, material, que es lo que necesitan los muchachos. Los boxeadores de distintos estados me han dicho que requieren material para poder entrenar mejor”, manifestó no hace mucho. Él mismo vive de forma muy modesta, y pidió por estos días a las autoridades que le arreglen su ranchito que tiene en Cumaná y, si es posible, que le consigan un automóvil para hacer diligencias familiares. ¿Cómo es posible tal rogativa, acaso no es merecedor de eso y mucho más? No se pretende enturbiar el júbilo cincuentenario; los 50 años de su hazaña deben servir tanto para la celebración como para la reflexión. Tal vez más para esta última. ¿Verdad, campeón…?  

“Morochito” en cifras y datos

-Francisco Antonio Brito Rodríguez nació un 20 de septiembre de 1945 en Cumaná, estado Sucre, en el oriente de Venezuela.

-Antes de nacer, su padre abandonó el hogar y a un entrenador le pareció mejor que llevara el apellido materno: Rodríguez.

– Por tener una hermana melliza se le apodó “Morocho”, y así lo nombraban los medios hasta que evolucionó al diminutivo de “Morochito”.

– La pobreza lo llevó a vender pescado con su abuela para ayudar al sustento de su madre y sus 14 hermanos, no pudiendo ir a la escuela.

-Comenzó a boxear a los 11 años de edad, en 1961, inspirado por su ídolo local y luego figura de prestigio nacional, Pedro Gómez.

-Debutó con triunfo, perdió por nocaut con “Lumumba” Estaba en su segundo combate y venció por decisión a Betulio González.

-Entre sus entrenadores figuran Pedro Acosta, Ely José Montes (su gran guía), Eleazar Castillo y Ángel Edecio Escobar, estos dos sus seconds en México 68´.

-Estuvo casi tres años inactivo por sanción al boxeo de Sucre, reapareciendo en 1967 y al poco tiempo gana el oro en los Panamericanos de Winnipeg, Canadá.

-Ganó todas las competencias del ciclo olímpico de entonces: Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos, Panamericanos (repitió en Cali, Colombia, 1971).

-Decidió participar en las Olimpiadas en el recién creado peso Minimosca (48 Kgs) para darle cabida en su antigua división (Mosca, 51 kgs) a su paisano Félix Márquez.

– el 26 de octubre de 1968 conquista la primera medalla de oro para Venezuela y se consagra como primer campeón olímpico de la categoría minimosca o mosca ligero.

-Curiosamente, no fue su país ni otro de arraigo boxístico quien creó una estampilla alusiva a su hazaña. Fue la República del Paraguay.

-Intentó revalidar el oro en los Juegos Olímpicos de Munich 72´ pero pierde por nocaut en su primera pelea frente al australiano Dennos Alan Tabibot.

-Su última pelea fue en 1977. Al retirarse se dedicó a entrenar muchachos en la ciudad de Caracas, donde reside y vive de una modesta pensión.

-No se sabe con certeza cuántos combates realizó: se habla extraoficialmente de 200, 210, 270 peleas; en lo que sí se coincide es que tan solo perdió 4 veces.

-Por petición de su madre y convicción propia no saltó al pugilismo profesional. Su mente siempre estuvo enfocada al boxeo amateur.

-Durante 44 años se mantuvo como el único medallista de oro olímpico de Venezuela, hasta que el esgrimista Limardo logró la dorada en Londres 2012.

-Procreó seis hijos con su esposa Carmen Sabina Blondell, quien le enseñó a leer y a escribir. Uno de ellos, Carlos, fue boxeador profesional.

-En el 2016 sufrió un ACV del que ha se ha recuperado satisfactoriamente, y a sus 73 años goza de buena salud.

Aparece en los 100 mejores momentos olímpicos en la edición especial de ESPN DEPORTES del año 2012. Concretamente en la reseña 95.

En el 2017 se proyecta el largometraje documental Morochito hombre sin miedo y se anuncia otra cinta Morochito la película.

Guarda celosamente su más preciado tesoro: el oro olímpico… “en una parte donde nadie sabe que está, porque eso vale una fortuna”.

*Erinson Piñero es un periodista venezolano, dedicado a la investigación boxística.

Síntesis de la trayectoria profesional del Lic. Erinson Piñero

-Nació el 19 de octubre de 1961 en el municipio Cabimas, estado Zulia, Venezuela.

-En 1991 se licenció en Comunicador Social, mención Impreso, dentro de la promoción 100 Años LUZ con el proyecto especial Las secuelas físicas y mentales del boxeo

– Ese mismo año (1991) ingresa al diario Correo de Los Andes en Mérida, donde poco después aparece todos los martes durante tres años consecutivos su columna de boxeo Tinglado.

-En 1995 tras el cierre de El Correo de Los Andes por razones económicas emprende un proyecto de renovación del diario El Tepuy en Upata, estado Bolívar, donde provisionalmente es nombrado director, y en el que periódicamente escribe sobre boxeo.

– A su regreso al Zulia, y durante una pausa en el trabajo periodístico, realiza en Maracaibo (1996) un curso de juez y árbitro de boxeo, recibiendo el certificado que lo acredita en esa especialidad, lo que le ha valido para ejercer esa función en veladas pugilísticas.

– Ese mismo año de 1996 ingresa a las filas del diario El Regional del Zulia, donde al poco tiempo es nombrado Jefe de Deportes, para luego ascender a jefe de Información, cargos en los que en fechas especiales escribió sobre materia pugilística; hasta que el año pasado y luego de 20 años en El Regional decide retirarse para emprender proyectos personales con énfasis en el periodismo de investigación, una de sus grandes pasiones, especialmente el área del boxeo.

-Varios de sus trabajos sobre el arte de pegar y no dejarse pegar  han sido publicados en el periódico digital Noticia al Día, con sede central en Maracaibo, estado Zulia.

-Durante sus 27 años de ejercicio periodístico ha sido reconocido con varios galardones locales y regionales, como el premio Regional de Periodismo Emilio Menotti Espósito en la Ciudad de Mérida en 1993, el de la Asamblea Legislativa emeritense en 1994, aparte de distinciones de asociaciones deportivas merideñas. Aquí, en su terruño zuliano, entre los premios recibidos resaltan el haber sido distinguido en dos ocasiones con el prestigioso Premio Regional de Periodismo Ignacio de La Cruz, además de recibir entre otras condecoraciones la “Orden Relámpago del Catatumbo”, “Orden del Arzobispado de la COL, y reconocimientos de la Alcaldía de Cabimas, Pdvsa y Buen Ciudadano del municipio Baralt. Ha sido además Orador de Orden con motivo del Día del Periodista en el municipio Lagunillas.

-Por su afán periodístico fue enviado a cursos de actualización comunicacional en la capital panameña; Lima, Perú; Miami y Washington D.C. en los Estados Unidos.

-Ha adquirido una sustancial cantidad de libros, dentro de los que figuran los de ámbito deportivo, estando a la cabeza los dedicados al mundo del pugilato. La vida de Muhammad Ali, Carlos Monzón, Kid Chocolate, Jack Lamotta, Teófilo Stevenson, como textos de metodología y didáctica del boxeo, amén de varios números de la revista The Ring en español, forman parte de su particular biblioteca.

-Dentro de sus grandes satisfacciones nombra las entrevistas al más grande boxeador amateur de todos los pesos: Teófilo Stevenson. Al ex triple campeón mundial mosca, Betulio González; y al medallista de plata en las Olimpiadas de Montreal, Pedro Gamarro.

– Sigue residenciado en su ciudad natal, Cabimas, sector Delicias, calle Chile, Residencias Antatepuy, Apto. 6-B.

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5 comentarios

  1. RECORDAR ES VIVIR

    LEI Y ME LO APRENDI DE MEMORIA

    CON COMAS,, PARENTESIS Y TILDES.

    JEJEJEJEJ,, SALUDOS A LOS MOROCHOS

  2. Un grande el Morochito Rodriguez lograr lo mas dificil en el boxeo, un oro olimpico… A modo de completar la información de SoloBoxeo, hace unos años el morochito vivio como indigente en las calles de Caracas producto del alalcoh, Luego el difunto Ex Presidente Chavez lo rescató y lo volvio a reinsentar en la sociedad. Ya hoy en dia es tomado en cua ta hasta ppr la FVB y otras instituciones deportivas del país.

  3. “Morochito” constituye un verdadero ídolo en Venezuela… Fue un grande, que puso en alto el nombre del país en todos los certámenes donde participó en especial en las olimpiadas de México 68. El colectivo pugilístico y la gran afición del país nunca olvidará sus hazañas… Larga vida a nuestro eterno CAMPEÓN…

  4. DEYANIRA PORTILLO el

    Excelente Información, recordar es vivir los momentos más históricos de “Morochito”

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