La “Pelea del Siglo”, una noche de cátedra y pretextos

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Si habría que culpar a alguien del pobre espectáculo que nos ofreció la denominada “Pelea del Siglo”, celebrada el pasado 2 de mayo en el MGM de Las Vegas, Nevada, sería al mexicano Juan Manuel Márquez. La única posibilidad de presenciar un duelo memorable estaba fincada en la esperanza de que apareciera el Pacquiao de las noches gloriosas, el mismo al que hace tiempo perdimos. La bestia que infundía miedo a sus rivales y cautivó a propios y extraños por la generosidad de su estilo, murió el 8 de diciembre de 2012, justo cuando cayó noqueado brutalmente a los pies del pupilo de Nacho Beristáin, en el epílogo del sexto round de aquella cuarta contienda. Esa noche se acabó el “Pac-Man”, o mejor dicho: se lo acabó Márquez.

Es del dominio de todos los involucrados en el arte de fistiana que un nocaut de esa magnitud deja secuelas físicas y psicológicas. Y el tagalo había dado muestras de lo anterior en sus tres combates posteriores a su estrepitosa derrota. Su confianza, cuando intenta entrar a la guardia de su adversario, ya no es la de antes. De igual manera, han desaparecido aquellas combinaciones infernales de seis, siete u ocho golpes, que lanzaba sin importar lo que recibiera, y que solían convertir las arenas en manicomios irrepetibles.

Pacquiao y Mayweather en rueda de prensa

Pacquiao y Mayweather en rueda de prensa

Aunque suene triste y continúe activo, al mejor Manny Pacquiaio ya sólo podremos verlo a través de la magia del video, porque el actual, el que perdió la contienda del sábado, es otro boxeador. Incluso, ya es otro hombre, un hombre al que el fantasma de la derecha aniquilante de Márquez jamás lo abandonará.

Por eso fue tan fácil para Floyd Mayweather Jr. y tan frustrante para todos aquellos que encendieron la televisión o pagaron un boleto para ver perder al relámpago invicto de Grand Rapids, Michigan. La condición actual del filipino pasó desapercibida en el análisis de las mayorías porque hay asuntos que tienen prioridad en los procesos mentales de los fanáticos, como el morbo y el deseo ferviente de ver perder al llamado “Money”, en este caso. La pasión le ganó la pelea a la razón, y fue imposible entender que el deseo se había convertido en utopía, porque simplemente ya no había con qué materializarlo.

El mismo Pacquiao (57-6-2, 38 nocauts) sabe perfectamente que sus virtudes han mermado, pero ha preferido adjudicar su derrota a un supuesto desgarre de su hombro derecho. Sin embargo, no debe extrañarnos porque el tagalo nunca fue un ejemplo en las noches tristes. Sus conferencias  siempre han estado compuestas de pretextos en estas circunstancias. Manny siempre gana y, como el niño mimado y maleducado al que no se le ha enseñado que perder es parte del deporte y de la vida, ha elegido salvarse él y manchar la victoria digna de sus oponentes, aunque sea tan clara e inobjetable como un nocaut en contra. Y en este caso, argumentando una lesión en el hombro, no sólo está buscando salvar su prestigio y ensuciar el triunfo legítimo de Mayweather, sino también está manchando al boxeo, porque estaría confesando que fue partícipe de un fraude. La Comisión Atlética de Nevada no tiene registrado algún aviso previo a la contienda con respecto a la salud del hombro del “Pac-Man”, por lo tanto, cualquier cosa que se haya dicho después, carece de validez y suena a justificación. Reprobable ha resultado la actitud del filipino y su esquina no sólo en esta ocasión, sino siempre que ha probado la amargura del fracaso.

Freddie Roach, Manny Pacquiao y Bob Arum

Freddie Roach, Manny Pacquiao y Bob Arum

Al parecer, Pacquiao y su equipo de trabajo no midieron las consecuencias y ahora tendrán que acudir a la Corte en Estados Unidos para atender un par de demandas que ha levantado gente que se siente estafada, tras  pagar los 99 dólares que costó el PPV (Pago Por Ver) en Estados Unidos. Asimismo, deberá enfrentar alguna sanción por parte de la Comisión Atlética de Nevada, por mentir, de acuerdo a su argumento manejado durante la conferencia de prensa, en el cuestionario que se realiza a todo pugilista previo a una contienda. El organismo asegura que el excamepón welter de la OMB respondió con un “NO”, en el apartado en donde se le cuestionó si sufría de alguna lesión que le impidiera tener acción el 2 de mayo.

Para fortuna del “Pac-Man”, todo este escándalo podría traerle más beneficios que perjuicios, pues seguramente le abrirá el camino hacia una revancha con el “Money”, a celebrarse tentativamente para abril de 2016, en la inauguración de la nueva Arena del MGM y en el aniversario número 58 del retiro de Rocky Marciano, cuya marca de 49 victorias sin derrota, podría ser superada esa noche por el 50-0 de Mayweather. Marco perfecto e inmejorable para una segunda batalla millonaria.

Por otra parte, mucho se habló previo al duelo sobre el papel determinante que podría jugar Freddie Roach, descifrando el estilo de Floyd. Finalmente se quedó muy lejos del objetivo, al igual que todos los entrenadores que lo han intentado hasta el momento. Desde hace tiempo, suele decirse que Roach es el mejor manager del mundo. Sin embargo, más que una realidad, parece una frase hecha. En los últimos años, el manejador estadounidense acumula más fracasos que éxitos. Además del monstruo que ha significado Pacquiao para la industria del boxeo, Roach no ha producido nada interesante ni digno que elogiar. Un buen entrenador plasma su estilo en sus pupilos, y no se ve por ningún lado a otro Pacquiao, ni siquiera un intento o una mala copia en todo el “Wild Card”. Recientemente, Floyd Mayweather padre declaró que su homólogo “es sólo un chiste”, y no anda nada equivocado. Roach es sólo un invento de la prensa estadounidense para no reconocer la grandeza de mexicanos como Ignacio Beristáin y Rómulo Quirarte, auténticos forjadores de campeones y extraordinarios estrategas. Lo triste es que existan aficionados aztecas que repitan el cliché y se rindan a los pies del extranjero, sin analizar y darse cuenta que el producto que hay en casa simplemente es mejor.

En lo que respecta a Mayweather Jr. (48-0, 26 nocauts), no hay absolutamente nada que reclamarle. Si alguien esperaba otra cosa de él la noche del 2 de mayo, podríamos hablar de otro imposible creado exclusivamente por el deseo y la imaginación. En su pelea número 48, el virtuoso estadounidense fue congruente con su historia como boxeador y labró, round tras round, “bending” tras “bending” y golpe tras golpe, una cátedra del arte de la defensa y del contraataque, unificando los cetros welter del CMB, AMB y OMB. Y todo esto a los 38 años, una edad en la que escasos pugilistas permanecen siquiera activos.

Mayweather en rueda de prensa tras su victoria sobre Pacquiao

Mayweather en rueda de prensa tras su victoria sobre Pacquiao

Que nos agrade o despreciemos las formas y los caminos que ha elegido el pentacampeón universal para triunfar, es tan sólo una cuestión de gustos particulares. Pero en ningún momento podemos descalificar su estilo o tacharlo de antideportivo porque estaríamos enjuiciando a una de las escuelas más gloriosas y productivas en la historia del boxeo, como lo es sin duda la afroamericana. Lo que hace Floyd es totalmente válido y nos demuestra que no siempre gana el pugilista que camina hacia enfrente. En el boxeo, la inteligencia y la efectividad pueden desplazarse hacia cualquier parte, pero en este caso prefieren hacerlo hacia atrás y hacia los flancos.

En cuanto al lugar que merece en la historia el oriundo Michigan podríamos incluirlo, no sin problemas y bajo la desaprobación de algunas voces, en el “top 10” de los más grandes, aunque difícilmente el peldaño que le corresponde le permita ver hacia abajo a gente como Muhammed Alí, “Sugar” Ray Leonard, Joe Louis, Rocky Marciano y “Sugar” Ray Robinson.

Finalmente, puede resultar tan improductivo como entretenido imaginar qué se dirá en 50 u 80 años de la pelea del 2 de mayo de 2015. Posiblemente, se escuchará decir qué Pacquiao llegó lesionado, que ya no estaba en su mejor momento, que el negrito corrió y abrazó toda la noche y que mucha gente terminó decepcionada. Seguramente los periodistas de esos tiempos afinarán las nuevas plumas que les haya regalado la tecnología y dirán que la contienda fue deslucida, pero que no manchó en ningún momento el legado de ambos exponentes como leyendas del pugilismo… ultimadamente, que se diga lo que sea, pero que se diga algo, porque eso significará que el boxeo estará tan vivo como en nuestros días.

Fotos: Germán Villaseñor

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