Regalo involuntario

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Edmundo F. Hernández Vergara

marquez-bradleybygerman5Fotos Cortesía: Germán Villaseñor

La carrera de Juan Manuel Márquez fue una noche de invierno en Las Vegas, en la que una derecha espectacular y demoledora apareció para acabar de golpe con una historia  de cuatro partes, electrizante y dramática, que hasta ese momento le había resultado injusta. Ese fue Juan Manuel. Y cuando las futuras generaciones nos pregunten por él, responderemos inmediatamente que fue un boxeador mexicano formidable, que convirtió a un pueblo entero en un manicomio irrepetible, la noche en la que noqueó y terminó con el mito del filipino Manny Pacquiao.

Todo lo demás que se diga sobre él, será de utilidad para pintar con palabras al guerrero legendario de más de sesenta batallas y 20 años sobre los encordados, incluida la derrota injusta del sábado 12 de octubre ante Timothy Bradley y el resultado de una posible revancha.

Ya nada podrá manchar la trayectoria de Márquez y menos en sus últimos rounds. A Julio César Chávez, por mencionar al mexicano más grande en el mismo rubro, no se le recuerda por sus derrotas ante Frankie Randall o Kostya Tszyu, sino por sus extraordinarios triunfos frente a Edwin “Chapo” Rosario, Meldrick Taylor y Héctor “Macho” Camacho, principalmente. De igual manera, al pupilo de Nacho Beristáin le corresponde un trozo de gloria ganado a sangre y fuego, que ha quedado petrificado en la memoria colectiva en una fecha: 8 de diciembre de 2012.

marquez-bradleybygerman15Tras el polémico veredicto del sábado 12 de octubre, Beristáin fue contundente y exacto en la sala de prensa del Thomas & Mack Center: “Bradley no tiene derecho a volverse a subir a un ring con un peleador de la categoría de Juan; conectó dos cabezazos y tres golpes muy buenos en toda la pelea. Es el único invicto con dos derrotas que conozco”, afirmó.

Al entrenador veracruzano lo asiste la razónBradley se encuentra muy lejos de la trascendencia y de compararse con los monstruos que dominan los cuadriláteros de su época, simplemente porque sus victorias y su estilo no lo convencen ni a él mismo: una noche huye  y a la siguiente se porta como un valiente al intercambiar golpes con un tigre como el ruso Provodnikov… pero luego vuelve a huir.

Algunos especialistas, en su afán de  demeritar la actuación del mexicano y de validar la victoria del llamado “Desert Storm”, han etiquetado al californiano en días recientes como un boxeador de élite. De esta manera, utilizando los mismos argumentos de los detractores de Márquez (la edad y su lentitud en peso welter, como principales motivos de su supuesta derrota) podríamos preguntar entonces: ¿hasta qué punto se puede considerar como un peleador de élite a un tipo que no pudo con un señor de 40 años y que, en busca de sembrar gloria sobre gloria, le peleó en una división que no es la suya?

Con Juan Manuel se equivocaron siempre los oficiales de ring; nunca le regalaron nada. En su récord aparecen seis decisiones controversiales. Nadie le ganó bien hasta ahora, salvo el día en el que debutó y lo descalificaron, allá en el lejano mes de mayo de1993, ante Javier Durán.

Rectificando, podemos afirmar que el único regalo o reconocimiento que Juan Manuel recibió en carrera, por parte de un oficial de ring, fue involuntario. Jamás un error de los estadounidenses en la pronunciación de una palabra en castellano había sido tan correcto. Los maestros de ceremonia de los cuadriláteros, principalmente Michael Buffer, lo han anunciado siempre como “Marquez”, sin acento en la letra “a” y con todo el peso de la palabra en la última sílaba. Suena en realidad “marqués”. Involuntario por aquello de la pronunciación, aunque justo y merecido para un pugilista que, por su clase, calidad e incontables proezas, podría ser llamado sin problema alguno “el márqués del boxeo mexicano”.

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