El cubano Andy Cruz ha pasado de ser la gran estrella del amateurismo a convertirse en la próxima pesadilla de la división de las 135 libras.
Durante años, el nombre de Andy Cruz se pronunciaba en los círculos de boxeo olímpico con un respeto casi reverencial. Tras conquistar el oro en Tokio 2020 y tres títulos mundiales, la pregunta no era si Cruz llegaría al profesionalismo, sino si el profesionalismo estaba listo para apreciar el boxeo de Cruz.
Un prodigio del boxeo
Lo que el análisis convencional suele pasar por alto sobre Cruz no es su velocidad de manos, son sus excelentes esquivas que propician una posición idone para contragolpear anticipándose al rival.
Su defensa no es solo una forma de protección, es una trampa. En sus peleas contra veteranos como Juan Carlos Burgos o prospectos como Keyshawn Davis (a quien venció cuatro veces como amateur), Cruz demostró que su mayor talento es la anticipación. Él no reacciona a los golpes; los anula antes de que se lancen, posicionando su cuerpo en ángulos que obligan al oponente a fallar por centímetros, dejándolos vulnerables al contragolpe más limpio del boxeo actual.

Muchos puristas temían que el estilo de “tocar y no ser tocado” de la escuela cubana no se tradujera bien al formato de 12 asaltos y guantes más pequeños. Sin embargo, Cruz ha silenciado a los críticos con sus actuaciones.
Cambios en su boxeo al pasar al profesionalismo:
Ha pasado de saltar en la punta de los pies a plantar los talones para generar poder.
- Ha pasado de saltar en la punta de los pies a plantar los talones para generar poder.
- En el golpeo ya no busca solo el puntuar como hacía en amaateur, ahora busca el daño acumulado. Su reciente TKO ante Hironori Mishiro mostró a un Andy que sabe cerrar el show cuando siente que la presa está debilitada.
- Pese a tener 29 años es todo un veterano sobre el cuadrilátero, pero no tiene el típico desgaste físico a su edad por el volumen de golpes recibido. Supo adaptar su inteligencia y estrategia al boxeo profesional
¿La gran prueba ante Muratalla?
Andy Cruz se enfrenta a la hora de verdad este sábado, tiene su examen definitivo ante Raymond Muratalla. Su éxito no reside únicamente en la velocidad de sus manos sino en ver como asimila la pegada de Muratalla sabiendo que este es un boxeador que puede noquearlo.

Bajo la tutela de Derek Ennis el cubano ha evolucionado de ser un estilista que puntuaba a distancia a un boxeador de poder que planta los pies, aunque esa eficiencia ofensiva se pone a prueba de fuego este fin de semana.
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Cruz es uno de esos boxeadores cubanos que no deber convertirse en otro Guillermo Rigondeaux, a parte de demostrar su excelente boxeo debe adaptarse a las exigencias del boxeo profesional y al espectáculo para ganarse al público.



