Opiniones de Cachumbambé

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Por Andrés Pascual

coto-delvin-rodríguezMiguel Coto es un boxeador temperamental, que un día sube bien y parece un fenómeno renacido y en la próxima pelea da lástima por como luce.

Ese zigzaguear, esa inestabilidad tiene a muchos fanáticos y cronistas al borde del ridículo por lo que hablan hoy al concluir un pleito del boricua y lo que dirán cuando termine la próxima.

Sin embargo, siempre consigue la pelea que lo ayude a pagar lujos que tal vez se dé.

¿Por qué Coto termina deplorablemente contra Trout, al extremo de que todo el mundo le sugiere el retiro y más de un año después está en HBO? ¿Por su clase?

Coto es un favorito de Arum, no porque sea muy bueno, que lo es sin muy, sino porque vende, porque el verdadero favorito de esa vergüenza que preside Top Rank es el público boricua de la Isla y de extramuros que siguen con fidelidad paternal al peleador.

Yo simpaticé con Coto hasta que se quedó con una rodilla en la lona contra Margarito, porque veo al boxeo como una lucha a muerte en la que hay que seguir aunque sea en el intento, o como el desplazamiento de un esgrimista que colocará la punta del arma con elegancia en el lugar menos esperado.

Pero las actuaciones casi suicidas, de valor espartano en el ring, son patrimonio exclusivo del gladiador azteca mayoritariamente.

El ex pupilo de Pedro Luis Díaz no está en mejor condición hoy que cuando Trout lo toreó, pero el peleador que enfrentó anoche es un corista del ring, un soberano paquete que ni coraje demostró.

El oponente que le buscaron fue justo lo que necesitaban para que un grueso bastante grande de la fanaticada del boxeo crea que “inició el vuelo al renacimiento” y otras barbaridades tan absurdas como ridículas que he leído.

Otro contrario un poco mejor, rango estelar tampoco, le hubiera metido “el perro en el tabaco”, porque Coto ni tiene velocidad ni resistencia para llevar un pleito fuerte al límite ni respuestas como se supone que le exijan a quien ocupe un turno estelar de una cartelera sabatina de HBO.

Por eso es una falta de respeto que Arum utilice frases ofensivas contra los peleadores cubanos, cuyo principal y único problema es que no tienen el público natural que contente a este corrupto de Fistiana y al pulpo televisivo.

Entre varias cosas, si por algo es inaceptable cómo trata de pisotear a los criollos el magnate que hizo a Pacquiao, es porque Guillermo Rigondeaux, por ejemplo, mejor que Coto y Lara también.

Además de concluir con la cara hecha una masa sanguinolenta, de recibir tanto como los que tira, Coto contribuye con muy poco al caudal de fantasías del boxeo.

El tránsito que hizo al “boxeo amateur” con Díaz como entrenador lo atrasó y lo divirtió, eso también se puede apreciar.

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