Hubo un momento en el que Guillermo Rigondeaux parecía destinado a dominar el boxeo mundial durante años. Su talento era extraordinario, su técnica rozaba la perfección y muchos especialistas lo consideraban uno de los púgiles más habilidosos de toda su generación. Sin embargo, aquello que debía convertirlo en una superestrella terminó transformándose en una condena.
Rigondeaux no solo ganaba. Neutralizaba a sus rivales hasta hacerlos parecer boxeadores normales. Su control de la distancia, sus reflejos y su precisión eran tan superiores que muchos campeones directamente dejaron de verlo como una oportunidad y empezaron a verlo como un riesgo innecesario.

La gran noche que cambió su carrera llegó en 2013 frente a Nonito Donaire. Donaire era una de las grandes estrellas del momento, un campeón temido y considerado uno de los mejores libra por libra del mundo. Muchos esperaban que el filipino terminara imponiendo su potencia y experiencia, pero ocurrió exactamente lo contrario.
Rigondeaux ofreció una exhibición de boxeo puro. Hizo fallar constantemente a Donaire, controló el ritmo de la pelea y dejó claro que estaba varios escalones por encima técnicamente. Incluso después de sufrir una caída en el último asalto, logró cerrar la victoria por decisión y unificar títulos en el peso supergallo.
Aquella actuación debía convertirlo en una figura enorme del deporte. Pero ocurrió algo muy distinto.
Tras derrotar a Donaire, el cubano comenzó a quedarse sin rivales importantes. Muchos nombres evitaron enfrentarlo porque el riesgo era demasiado alto y la recompensa demasiado baja. Rigondeaux era extremadamente difícil de vencer, pero su estilo defensivo tampoco generaba grandes ventas en Estados Unidos. Era el típico caso del boxeador demasiado bueno para que otros quisieran compartir ring con él.
Poco a poco empezó a desaparecer de las grandes oportunidades. Mientras otros campeones acumulaban peleas mediáticas, el cubano veía cómo las opciones importantes se alejaban. Su carrera terminó marcada por largos periodos de inactividad y decisiones complicadas, incluyendo subir varias categorías para enfrentarse a Vasiliy Lomachenko en una pelea donde concedía demasiada ventaja física y acabó perdiendo.

Con el paso de los años, la figura de Rigondeaux se ha convertido casi en la de un boxeador de culto. Para algunos aficionados casuales nunca fue un peleador espectacular. Para otros, especialmente los amantes del boxeo técnico, fue uno de los mayores talentos defensivos de la historia moderna.
Su historia deja una pregunta difícil de ignorar: ¿castiga el boxeo a los púgiles demasiado buenos?
Porque en el caso de Guillermo Rigondeaux, da la sensación de que después de demostrar que podía vencer a cualquiera, el boxeo simplemente dejó de querer verlo y sus rivales optaron por evitarlo.


1 comentario
un genio que nunca supo adaptarse a las exigencias del boxeo profesional, tan solo recordar los primeros 4 rounds con Donaire fueron magistrales neutralizándolo con un buen contragolpeo sin necesidad de ponerse su traje de bailarina de ballet y montarse en su motocicleta, pero nada sintio un poco los golpes de Donaire regreso a su fiel estilo de yegua en hipódromo.