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Portada»Literatura y boxeo»VALOR HIJO MÍO
Literatura y boxeo

VALOR HIJO MÍO

Por Ariel Lomasto7 abril, 2026
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Como el Patricio de Satrústegui, como el Highland Brae y como tantos otros vapores, el Montserrat en sus entrañas, como una gran madre gestando, trae desde España cientos de inmigrantes. Imagino a María pensando en su pueblo natal en Asturias mientras los interminables días de navegación la acercan a Cuba, destino inicial, y la alejan de su tierra. La veo soñando en su futuro. No viaja sola. Ramón Moral y su hermana Fidela ahora son su familia. Esposo y cuñada ahora son su mundo. La Primera Guerra estalla a lo lejos. Los estruendos mortales ya no se escuchan. Promete sin decirlo aprender a leer y escribir. Sabe el nombre de su primer hijo: Ramón como el padre. Segura está que será varón. En el Montserrat, María trae en su juvenil vientre el primero de sus cinco hijos.

Como sacerdote Ramón Moral nunca respetó el principio de la castidad. Avergonzó a su familia y sintió pena por eso. Partió a Cuba donde vivió algunos años solo. A su regreso a España y luego de dejar los hábitos se casó con María. Matrimonio acordado por ambas familias. Poco importaba la opinión de ellos. El porvenir estaba en aquella lejana isla y él lo sabía. Volvió a Cuba, en el Montserrat, con su hermana Fidela y con su esposa María y con el primero de sus hijos: Ramón Moral que crecía en el seno de su mujer.

En Cuba la situación sanitaria de ese país les impide el desembarco y los obliga a continuar viaje. Rio de Janeiro es la alternativa inesperada. El otrora sacerdote contaba por esos tiempos de incertidumbre con 32 años, su hermana Fidela, con sus 20 años, soñaba con su prometido que la aguardaba en América y María tan solo sumaba 17 años de vida. Ante la posibilidad de ser señalado en Brasil como tratante de blancas Ramón Moral decide con su familia resguardarse en el Montserrat hasta la próxima partida. En Uruguay no había posibilidades de trabajo y es finalmente Buenos Aires donde el destino los deposita. Aquel 12 de enero de 1915 la familia Moral pisa por primera vez el suelo argentino.

Ramón Moral de conjunto blanco

  Ese año nace Ramón, el primero de los cinco varones Moral, nace con las manitos adelante, con los frágiles puños cerrados como si anticipara su porvenir. Pocos años después esas manitos se fortalecerán, esos puños se cubrirán con guantes y su ambiente será durante el resto de su vida un cuadrilátero, un ring de boxeo. Ramón Moral fue un púgil amateur. Su historia boxística no quedará grabada en las memorias del deporte. Ese, entre otros, es el motivo de esta crónica.

CAPITULO I

La monotonía era la constante en la búsqueda de material deportivo relacionado con el pugilismo. De aquí para allá, de barrio en barrio, de ciudad en ciudad, siempre detrás de la historia, siempre detrás de “una” o “la” historia. Pero nada. Nada hasta ese llamado absolutamente inesperado. Esa breve conversación telefónica que desde un lado de la línea no significaba nada y desde la otra, de mi lado, inspiró el siguiente relato.

Vieja librería de la calle Suipacha, en el barrio de San Telmo, corazón de tradiciones de Buenos Aires, especie de depósito de libros y revistas antiguas, había sido una de mis principales fuentes de material. Recuerdo el esfuerzo en el traslado de centenares de ejemplares de la revista El Gráfico hasta mi hogar. Una enorme valija repleta me confundía con un viajero solitario y en definitiva era cierto, iniciaba un viaje al pasado sin siquiera sospecharlo.

Tal vez esa compra desmedida y compulsiva condujo al vendedor, días después, a compensar en parte el gasto por mí realizado. El mensaje me decía que había llegado a su local una bolsa “como esas de residuos de consorcios” llena de recortes periodísticos que le parecían de boxeo. Aclaró que todo era muy viejo y que estaba destruido como si alguien hubiera querido poner punto final a esa historia. Pero fue el punto de partida. En mi poder y sobre mi mesa de trabajo desparramé todo el contenido, sin antes retirar por la fuerza a mis tres gatos que adormecidos por el sol se negaban  a dejarme trabajar. Se formó una montaña de papeles amarillentos que en su momento habían sido artículos periodísticos. En efecto, todo destruido tal cual un enorme rompecabezas centenario. De un sobre se deslizaron unas fotos quien sabe de qué año y una de ellas quedó a la vista.

Tres personas, el más alto luciendo pantaloncitos blanco y botas al tono es Ramón Moral, con finos bigotes como en sus comienzos de peleador aficionado.

El proceso de armado y restauración comenzó. Lo primero destacado entre esa maraña indescifrable de papeles añejos era un cartón seccionado al medio que reconstruido y limpio mostraba en letras estilizadas un nombre. Un nombre y una pequeña imagen eran los únicos habitantes de esa tapa que presentaba la vida (y obra) de aquel boxeador que por la década de 1930 quiso abrirse paso en ese incipiente boxeo argentino. 

  Con paciencia cada fragmento fue encontrando su par y luego de algunas semanas de trabajo quedó armada una carpeta de 45 por 35 centímetros compuesta por 30 páginas del mismo tamaño con recortes de varios periódicos con un común denominador: la trayectoria como púgil amateur de Ramón Moral. De este material surge la campaña del boxeador. El registro más antiguo data de mayo de 1934 cuando Ramón rondaba los 20 años, su rival fue Benito Franco y la pelea se disputó en el local del Boxing Club Los que Triunfan (Canning 2043, Buenos Aires). 

Son en total 39 combates los que reflejan estos artículos. Por nombre de sus rivales los eventos más significativos fueron tres: contra Jorge Invierno el 21 diciembre de 1935 en el Barracas Boxing Club (San Antonio 1117/1119, Buenos Aires);  con Antonio Lozano el 30 de enero de 1937 en el Córdoba Sport Club (Alvear 259, Córdoba) y, por último, una semana después y también en Córdoba frente a Raúl “Telaraña” Rodríguez. Este último, Raúl Rodríguez, había participado en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 logrando una distinción por su quinto puesto en la categoría welter (hasta 66,678 kilos); más tarde fue campeón argentino y sudamericano categoría mediano y boxeó hasta 1949 (merece este par de encuentros, a criterio de este cronista, un capítulo aparte). Pero volviendo a Ramón Moral estos dos últimos combates los pierde por puntos en 5 rounds.  El balance de su trayectoria lo refleja el presente artículo periodístico  que destaca que la balanza se inclina para el lado de los triunfos. 

Es interesante como la prensa ocupaba grandes espacios en sus medios a la difusión de este deporte no rentado. Como ejemplos están los diarios República Ilustrada, Córdoba (Un diario liberal e independiente para toda la República Argentina), Los Principios, La Voz del Interior y El País, entre seguramente otros medios. No menos llamativo es la cantidad de clubes de boxeo de aquellos tiempos. El mismo Moral representó al Varela Park (Varela 799),  al Amateur (Directorio 3239), al Villa Juncal (Nazca 2601) y al Particulares. Es imposible no mencionar otros escenarios que se repiten en las notas lo que conduce a pensar, casi un siglo después, en la importancia que tenían: Cobo Boxing Club en la calle Zañartu, Club de Flores en Yerbal, Pionner Club en Las Casas al 4000, también River Plate en Alvear y Tagle y Vélez Sarsfield en Bolaños 210 eran escenarios de estos eventos. 

La pregunta asoma sin necesidad de buscarla: ¿quién ocupó su tiempo es recortar y preparar esta carpeta? ¿Quién la destruyó?

CAPITULO II

Ramón Moral nació en Buenos Aires en el año 1915 y era el mayor de cinco hermanos. Julio, Armando, Roberto y Jorge fueron los otros hijos de María. La desgracia marcó una etapa de su vida. Sus dos hijas fallecieron (Graciela y Adriana) y su primera esposa, Delia, lo hizo al dar a luz a su hijo varón también anotado con el nombre de Ramón. Los tres hijos del púgil fueron criados por su abuela. María dejó sus anhelos y proyectos para dedicarse a esos tres niños sin madre.

Los lugares comunes siempre son útiles en cualquier relato y vale su uso a esta altura de la narración. De España el abuelo Moral vino con una mano adelante y otra atrás. Datos confiables indican que junto a sus hijos trabajaba en un puesto de diarios de estructura redondeada frente a un bar en la esquina de Gaona y Nazca. Luego ganaban su vida en una fábrica de medias excepto uno de los hermanos que integró las filas de la Fuerza Aérea Argentina. Cerca del puesto de diarios había una feria que era muy concurrida por el otrora sacerdote español porque le gustaba charlar con las señoras mayores. Cada hermano siguió su camino. Ramón, recordemos que era el mayor de los cinco, junto a un socio fundó una fábrica de envases de cartón para perfumes (uno de sus principales clientes era la marca Fulton); en este rubro fue protesorero de la Cámara de Fabricantes de Envases de Cartón y Afines desde junio de 1970 hasta mayo de 1972.  Se instaló también con su segunda mujer, Rosa, en una casa de la calle Rivera Indarte pero nunca dejó de visitar a sus hijos que cerca de ese lugar se desarrollaban bajo la tutela de María. Menos aún dejó de lado el deporte. La Asociación Mutual Casa del Boxeador con sede en Bartolomé Mitre 2020, de la ciudad de Buenos Aires, llamó a elecciones el 30 de abril de 1976; entre los candidatos de la lista Azul y Blanca Ramón Moral aparece como vocal suplente. El 2 de setiembre de 1981 dicho organismo le otorga una mención-recuerdo a este “baluarte y fundador de nuestra entidad”. Parte de este diploma está en manos de este cronista y su imagen puede verse a continuación.

Analizando las firmas, aparece el mismo Secretario que figura en la lista de postulantes arriba mencionados, se trata de Aquiles Angel Lambruschini. Otra estampa reconocida es la de César Brión (que enfrentó dos veces a Joe Louis).

Con motivo de ciertos rumores de prohibición del boxeo en Argentina, La Asociación emitió una declaración que repudiaba con argumentos dicha intención. La firman entre otros Pedro Quartucci, Alberto Festal (boxeador y esgrimista), Juan Aldrovandi (entrenador) y Ramón Moral. Este pasquín original también fue reconstruido y se presenta en estas páginas tal cual como por fin quedó.

Pero retrocediendo unos años, en 1961 dicha Mutual del Boxeador homenajeó al púgil Luisito Rayo con motivo de cumplirse 30 años de su fallecimiento. Rayo era oriundo de España y boxeó tanto en su tierra natal como en Argentina. Un mal golpe en el ring lo condenó a una prematura muerte poco tiempo después. Dentro de esa maraña de recuerdos sin nombre aparece la estampa de Luisito y un recorte periodístico de 1961 donde puede verse a los dirigentes de la Mutual rodeando una placa recordatoria que fue enviada a la Federación Española de Boxeo. En la foto y ocupando el segundo lugar contando desde la derecha la imagen de Ramón Moral sencillamente se destaca.

Fue amigo del recién mencionado Pedro Quartucci, boxeador y actor; se codeó con grandes como Abelardo Castillo (padre) y Abelardo Castillo (hijo) ambos escritores y boxeadores; el famoso comisario inspector Evaristo Meneses (con un récord de más de 70 peleas como aficionado y unas pocas como rentado) participaba en las reuniones de la calle Mitre y como si fuera poco invitó a Meneses al casamiento de su propio sobrino. El 2 de julio de 1975 el poeta Edmundo Doce Suárez le dedicó “Corazón”, una poesía que termina así: “Tu mano en alto Triunfal, te levantaban Campeón, no por nada Corazón, te llaman Ramón Moral”.

CAPITULO III

Si un título a esta parte del relato habría que imponer no sería otro que “Dos derrotas triunfales”. Mencionados fueron los dos encuentros en la provincia de Córdoba con Antonio Lozano el 30 de enero de 1937 y contra “Telaraña” Rodriguez el 6 de febrero de 1937 y mencionadas fueron las dos derrotas sufridas. La calidad de Rodriguez puede resumirse en esta frase del periodista y escritor Enrique Martin que en su obra Narices Chatas dice: “Atrapados en la red defensiva más eficaz que conoció nuestro boxeo, más todavía que la de Nicolino (Locche) porque contaba con un complemento de ataque programada, aunque con la misma carencia de poder letal pulverizador”.

¿Puede imaginar a esta altura del relato el significado de ambas peleas?. Pues veamos con estas ayudas:

Del diario Córdoba del sábado 30 de enero de 1937 donde puede leerse “Antonio Lozano el doble campeón sudamericano y fuera de toda duda, lo mejor que hay en su categoría juntamente con el olímpico Rodriguez, se mide con Ramón Moral, pugilista porteño de reconocidas aptitudes”. El día siguiente se resumía el triunfo de Lozano con las siguientes palabras: “El fallo, acordando el triunfo de Lozano, fue aplaudido por la concurrencia, pudiéndose destacar la actuación de ambos hombres, sobre todo de Moral, que evidenció ser un pugilista valiente, de esos que no les arredra el castigo”.

CAPÍTULO IV (Final)

Por aquellos años imaginar los medios de comunicación actuales no estaban ni siquiera en los más ambiciosos libros de ciencia ficción. En las primeras décadas del siglo XX, en las cuales está encuadrado el presente relato, el telegrama era una de las formas más usadas y modernas. 

Es el tema de este capítulo final.

El día 31 de Agosto es San Ramón y el día siguiente es decir el 1 de Setiembre de algunos de esos años uno de sus hermanos, Armando, saludó a su referente con un telegrama que se expone a continuación:

La notificación que el boxeador ya tenía los pasajes para sus compromisos pugilísticos también era informado por este medio. Aunque en la actualidad esto parece algo imposible que haya ocurrido el siguiente documento lo confirma:

En enero de 1937 desde la sucursal Flores (Ciudad de Buenos Aires) del Telégrafo de la Nación de la República Argentina con destino a la calle General Alvear 63 de la ciudad de Córdoba donde descansaba y concentraba Ramón Moral, se envió el siguiente telegrama con motivo de los próximos eventos pugilísticos. Si la imagen no es muy clara el documento relata lo siguiente: VALOR HIJO MIO. NO PIERDAS SERENIDAD PASE LO QUE PASE. 

Firmado: TU MADRE. (Es decir María, que para ese entonces ya había cumplido su promesa y sabía leer y escribir con una letra extraordinariamente hermosa).

CONCLUSIÓN

¿Importaría saber quién dedicó su tiempo y esfuerzo en recopilar por aquellos años todos estos documentos originales? Respuesta: SI

¿Sumaría saber quién decidió poner fin a la existencia de estos recuerdos y destruirlos? Respuesta: SI

¿Sería interesante conocer el motivo que llevó a realizar las acciones de los dos interrogantes anteriores? Respuesta: SI

¿Aporta algo este relato periodístico/literario? Respuesta: NO LO SÉ. Solo los lectores puedes decirlo.

Ariel Lomasto 

lomasto1511@gmail.com

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