La derrota de Andy Cruz ante Raymond Muratalla dejó sensaciones encontradas. Por un lado, el boxeador cubano volvió a demostrar por qué está considerado uno de los púgiles más talentosos de su generación: fue más certero en el golpeo, hizo fallar más a su rival y exhibió, por momentos, un boxeo limpio y elegante. Sin embargo, esas virtudes no fueron suficientes cuando se analizan las exigencias reales de una pelea de campeonato mundial.
Cruz planteó un combate claramente conservador, más cercano al boxeo amateur que al profesional de alto nivel. Durante los doce asaltos no llevó la iniciativa en ningún momento. No presionó, no atacó de forma sostenida y se limitó casi exclusivamente a pelear a la contra, lanzando menos golpes que Muratalla y cediendo el protagonismo round tras round. En el boxeo profesional y más aún cuando eres el aspirante eso suele pagarse caro.
Y es que Cruz no era el campeón. Para destronar a quien ostenta el título no basta con hacer una pelea cerrada ni con ganar intercambios aislados. Es necesario imponer condiciones, disputar el centro del ring y demostrar hambre de victoria. Muratalla entendió perfectamente su rol: dominó el espacio, llevó la pelea donde quiso y, pese al notable juego de piernas de Cruz, supo cerrar los ángulos y reducir su margen de maniobra.
El cubano se movió bien, sí, pero sin convertir ese movimiento en una herramienta ofensiva real. El desplazamiento no vino acompañado de presión ni de combinaciones que obligaran al campeón a retroceder. Muratalla, cómodo en el centro del ring, fue quien marcó el ritmo del combate durante los doce asaltos.

Además, el aspecto físico terminó siendo otro factor decisivo. En la parte final de la pelea, Cruz bajó claramente su rendimiento y fue superado. La falta de volumen de golpes y el desgaste acumulado evidenciaron que necesita mejorar su preparación física para sostener su boxeo durante toda la distancia. En peleas de este calibre no basta con destellos técnicos: hay que mantener intensidad, concentración y ritmo hasta la última campana.
Andy Cruz sigue teniendo las herramientas para ser campeón mundial, pero esta derrota deja una lección clara. Debe aumentar su volumen de golpeo, mejorar su fondo físico y, sobre todo, asumir la iniciativa al menos por momentos. El boxeo profesional premia la inteligencia, pero también la ambición. Para llegar a la cima, hacer fallar al rival no es suficiente: hay que ir a buscar la victoria.



